
Toroide
Mi madre se levantaba antes que el sol. La oía desde la cama. Primero el cerrojo de la puerta del corral, luego la estufa de leña, que tardaba en prender y se quejaba como un viejo. Cuando el olor del café llegaba a la habitación, mi hermano y yo sabíamos que teníamos cinco minutos antes de que nos llamara por segunda vez. A la tercera no llamaba, subía.
Éramos cuatro en una casa de dos habitaciones, en el pueblo, y a mí me parecía un palacio. Tenía un patio con una higuera que daba más sombra que higos, y debajo de esa higuera aprendí casi todo lo que sé. A perder a las cartas, a guardar un secreto y a escuchar a mi abuelo cuando contaba la guerra sin contarla.

Estas páginas guardan la vida de Osvaldo Toroide, contada con sus propias palabras. Sus mejores historias, tal como él las vivió. En este QR, sus mejores frases.
Escucha su vozTodas las vidas merecen su propio librovitacorafamiliar.com
Toroide
Mi madre se levantaba antes que el sol. La oía desde la cama. Primero el cerrojo de la puerta del corral, luego la estufa de leña, que tardaba en prender y se quejaba como un viejo. Cuando el olor del café llegaba a la habitación, mi hermano y yo sabíamos que teníamos cinco minutos antes de que nos llamara por segunda vez. A la tercera no llamaba, subía.
Éramos cuatro en una casa de dos habitaciones, en el pueblo, y a mí me parecía un palacio. Tenía un patio con una higuera que daba más sombra que higos, y debajo de esa higuera aprendí casi todo lo que sé. A perder a las cartas, a guardar un secreto y a escuchar a mi abuelo cuando contaba la guerra sin contarla.

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